Cómo entrar en masonería

Dar el paso de entrar en masonería suele partir de una inquietud personal difícil de explicar con palabras precisas. No es una decisión impulsiva ni suele responder a una moda. Más bien aparece como una llamada interior: el deseo de comprender mejor la vida, de trabajar sobre uno mismo y de compartir ese camino con otros.

A partir de ahí, comienza un proceso que conviene conocer con claridad.

Quién puede ser masón

En términos generales, puede ser masón cualquier persona adulta, «libre y de buenas costumbres«. Esta fórmula tradicional, que puede sonar antigua, apunta a algo muy concreto: la capacidad de decidir por uno mismo y de asumir un compromiso serio.

No se exige un nivel académico, una posición social concreta ni una ideología determinada. Lo que sí se espera es una cierta madurez, una inquietud por el crecimiento personal y una disposición sincera al trabajo interior.

También es habitual que se pida creer en un principio superior, entendido de forma abierta. En la mayoría de logias, este punto se vive desde una perspectiva deísta, sin vinculación a ninguna religión concreta. Pero existen también logias más teístas, otras marcadamente cristianas o logias plenamente ateas.

Masonería y mujer

Originalmente la masonería fue una institución exclusivamente masculina. Sin embargo, hoy la realidad es más diversa. Existen logias masculinas, femeninas y mixtas (donde no se tiene en cuenta el sexo ni ninguna otra condición personal para el ingreso).

Puedes leer más al respecto en el artículo ¿Pueden las mujeres ser masonas?

La solicitud

El primer paso formal es la solicitud de ingreso. Suele realizarse a través de un formulario o mediante contacto directo con la logia. Este gesto, que puede parecer sencillo, tiene un valor simbólico importante: es el candidato quien da el primer paso. Hoy en día no es habitual ser invitado a pertenecer a una logia. La iniciativa siempre parte de uno mismo.

A partir de ahí, la logia inicia un proceso de conocimiento mutuo. No se trata de aceptar o rechazar sin más, sino de comprobar si existe un verdadero encaje entre la persona y el grupo.

Las entrevistas

Tras la solicitud, se realizan una o varias entrevistas personales. En ellas se habla de la vida del candidato, de sus motivaciones, de sus expectativas y también de su visión del mundo. No son interrogatorios ni exámenes. Son conversaciones abiertas que buscan comprender quién es la persona que quiere entrar. Al mismo tiempo, sirven para que el candidato conozca mejor la masonería y la logia concreta a la que se está acercando. Es un proceso bidireccional.

La iniciación

La iniciación es el momento central del ingreso en masonería. Consiste en un ritual cuidadosamente estructurado, cargado de símbolos, que marca el paso de profano a iniciado. No es una ceremonia social ni un acto meramente formal. Es una experiencia que busca dejar una huella profunda en quien la vive.

A pesar de la connotación que puede tener en otros ámbitos, la palabra «ritual» no tiene una connotación mágica ni oscura. Al contrario, es simplemente una representación simbólica vivida en primera persona. Cada elemento del ritual tiene un significado y está orientado a provocar una reflexión interior.

Los costes

Formar parte de una logia implica también un compromiso económico. Existen normalmente dos tipos de costes: una cuota de ingreso y unas cuotas periódicas. Estas sirven para sostener el funcionamiento de la logia, el mantenimiento del local, los materiales y, en muchos casos, la acción caritativa.

No se trata de una organización lucrativa. Las cuotas no buscan generar beneficio, sino permitir que la logia exista y funcione con autonomía. Lo normal es que las cuentas sean similares a las que se pagarían, por ejemplo, en un gimnasio standard.

Salir de la masonería

Entrar en masonería es un acto libre. Salir también lo es.

De hecho es más fácil salir que entrar. Un masón puede solicitar su baja en cualquier momento, sin necesidad de justificar su decisión. Y tan amigos. La relación con la logia se basa en el compromiso voluntario, nunca es coercitiva.

A veces se dice que uno es masón para siempre porque la salida no borra lo vivido. La experiencia masónica deja una huella de crecimiento personal que suele acompañar a la persona durante toda su vida, haya o no continuidad en la práctica. Es como aprender a leer: puedes decidir no volver a leer jamás, pero eso no te convertirá de nuevo en analfabeto.

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